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Lunes, 28 de mayo de 2018
SOCIEDAD
Alicia Royo

13/2/2018

El Estanco del Óvalo celebra sus más de 100 años de servicio a la ciudad de Teruel
Aurelio Utrillas (d) y su hija Gloria, tras el mostrador de la centenaria expendeduría de tabacos
Aurelio Utrillas (d) y su hija Gloria, tras el mostrador de la centenaria expendeduría de tabacos

El Estanco del Óvalo culmina la celebración de sus 100 años de historia, que es también la de cuatro generaciones de la familia Utrillas. Para sus miembros, además de un negocio, ha sido un servicio público y un espacio desde el que hacer amigos, barrio y ciudad. En este tiempo, han cambiado muchas cosas, incluido el aspecto de este paseo de la ciudad de Teruel y también los establecimientos ubicados en el mismo, pero la expendeduría ha mantenido su apariencia y, sobre todo, su esencia.

En 2017 se cumplieron 100 años desde que la Representación de la Compañía Arrendataria de Tabacos en Teruel otorgó la concesión del establecimiento a Isabel (la bisabuela de la actual propietaria), pero previamente lo había regentado su esposo Leandro Utrillas. Sin embargo, el paso del tiempo ha provocado que el documento que lo atestigua se haya borrado y sea imposible distinguir la fecha en que comenzó.

Isabel tomó las riendas junto con su hijo Aurelio Utrillas hasta que, después de la Guerra Civil, le otorgaron la concesión a una viuda de la contienda. Pero ésta solo permaneció un año al frente del mismo, tras el que Aurelio volvió a ocuparse del establecimiento.

Después, y con tan solo 17 años, recogió el testigo su hija Gloria, que a su vez se lo pasó a su hija del mismo nombre, Gloria Martínez Utrillas -la actual propietaria- en 1998.

Ésta última ha querido celebrar el centenario oficial del establecimiento y, al mismo tiempo, su propia historia de vida y la de su familia. Por eso, en los últimos meses un enorme cartel en el que puede leerse Estanco del Óvalo. 100 años preside la entrada al establecimiento, ubicado en el número 10 del paseo del mismo nombre. Además, ha colocado fotos familiares en el escaparate y dentro, un libro de visitas. Los clientes han ido llenando sus páginas y muchos de ellos se han hecho además una foto y se han llevado pulseras y chapas conmemorativas.

Gloria Martínez se siente “orgullosa” de que el estanco haya estado en manos de su familia durante más de un siglo y del recuerdo de sus abuelos y de sus padres, compartido por muchos de los vecinos y clientes habituales. Y espera que alguno de sus sobrinos siga sus pasos.

“Todavía viene gente de los pueblos que me cuenta agradecida como mi abuelo Aurelio les guardaba las bolsas mientras hacían sus gestiones por la ciudad”, dice emocionada. Y es que, para toda la familia, la atención al cliente ha sido siempre su máxima. “Además de un medio de vida, siempre hemos tenido vocación de servicio”, apunta.

La actual propietaria guarda memoria de cuando en el estanco no solo se vendía tabaco, sino también otros víveres. “Mi abuelo vendía peras con Ideales”, indica. Pero además funcionaba como consigna para las carrozas que salían desde el Óvalo hacia los pueblos, y para los autobuses que las sustituyeron después. E incluso su abuelo se dedicaba a arreglar los pinchazos de las cámaras de las ruedas de bicicleta.

Los cambios sociales se han dejado notar, entre ellos la llegada de Internet. En este punto, Gloria Martínez levanta una lanza en favor del comercio de proximidad, “en que se recibe al cliente con una sonrisa y un buenos días, en el que se ofrece un trato directo y una explicación de los productos que se venden”, sostiene. De hecho, ella acude a todos los cursos que puede para estar al día.

Además, recuerda que el tabaco es un producto fiscalizado por Hacienda y Sanidad, y desaconseja adquirirlo a través de internet, “porque no sabes lo que te están vendiendo”.

Después de 20 años al frente del estanco, Gloria tiene tanta confianza con los clientes que se atreve a regañar “a los que fuman por fumar”. “Siempre les pido que no lo hagan, que solo fumen por placer”, aclara.

En este tiempo, también muchos de los clientes y de los vecinos se han convertido en sus amigos, que llaman a Gloria “la alcaldesa de la pedanía del Óvalo”, título heredado de su padre. En realidad, se han convertido en una familia que no duda en celebrar las fiestas juntos, como el encendido de luces por Navidad o, recientemente, una cena por San Antón. 

El título de “alcaldesa de la pedanía del Óvalo” hace honor también a su carácter reivindicativo. En este sentido, recordó que “afortunadamente”, a pesar de las largas obras de remodelación que les tocó padecer, el paseo del Óvalo ha conservado su carácter de espacio de recreo para los turolenses y los visitantes. No obstante, apunta que las luminarias instaladas en el suelo han estado siempre apagadas y pide que, dado que no cumplen ninguna función, sean suprimidas. “Yo les llamo las tortugas asesinas porque periódicamente alguien tropieza con alguna de ellas y se cae”, argumenta.

Gloria Martínez ha sido testigo del incremento del turismo que vive Teruel en los últimos años. Su ubicación y su amplio horario de apertura hace que muchos viajeros crucen las puertas del estanco para solicitar información. “Me encanta hacer de guía”, confiesa Gloria. “Cuando me preguntan sobre el mapa dónde está la plaza del Torico, les digo que está aquí al lado e incluso les acompaño hasta la esquina y les recomiendo que suban por la calle del Salvador para que pasen por debajo de la torre”, cuenta.

Después de más de 100 años abierto al público, las anécdotas acaecidas en el interior del Estanco del Óvalo darían para escribir más de un libro. De hecho, Gloria Utrillas comenzó a hacerlo y recabó unas cuantas vividas por ella misma o contadas por sus ascendientes.

Una de las que siempre narraba era cuando una mujer confundió el estanco con una tienda de ultramarinos cercana y le pidió una lata de pescado. Cuando la estanquera le contestó que se había equivocado, la mujer insistió en que se la diera porque confundía el paquete azul y blanco de Ducados con una lata de sardinas.

En otra ocasión, un joven le pidió “papyrus pa porrus”, es decir, papel de fumar. También, un domingo por la mañana, alguien le requirió a la actual propietaria un ACDC, en lugar de un OCB, la marca de un papel de fumar.

La actual propietaria comenta que el número de marcas ofrecidas ha crecido notablemente en los últimos años y que los nombres se han ido complicando de tal manera que, en ocasiones, es necesario que el cliente le señale el paquete que quiere para poder entenderlo.

En innumerables ocasiones y todavía ahora, muchas personas entran para pedir un café porque confunden la puerta con la contigua del bar Gregory. Y otras muchas cruzan la puerta casi a diario, aunque no tengan nada que comprar, para saludar y entablar un rato de charla.

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