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Martes, 16 de octubre de 2018
ENTREVISTAS

4/10/2018

Carlos Hué, psicólogo y pedagogo: “El tímido lo es por miedo al ridículo, pero el rídiculo es una sensación subjetiva”

"Solo con dejar de reirle las gracias al abusador, sin acusar, se acaba con casi todos los casos de bullying ", dice
Miguel Ángel Artigas
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Carlos Hué
Carlos Hué

Aprender a vivir de cara a los demás en un contexto colaborativo y no competitivo solucionaría el 90% de los problemas de la humanidad. Es una de las tesis del psicólogo y pedagogo Carlos Hue, y no puede ser más sencilla de cumplir, pero por alguna razón nadie lo hace. 

- De entrada, ¿cómo define el bullying?

- Es el acoso entre iguales y suele referirse al ámbito escolar, pero yo creo que debemos ampliarlo a otras edades y ámbitos. En cualquier empresa puede haber bullying, porque es un problema amplio que tiene que ver con la sociedad. Estamos en una sociedad competidora que no competitiva, y la forma más rápida que tenemos de sobresalir es machacando al otro.

- ¿El ser humano está genética o culturalmente predeterminado a acosar de sus semejantes en cuanto nos damos la vuelta?

- Las personas agresivas habitualmente nacen en ámbitos agresivos. En un experimento realizado con ratas a uno de los animales se le acaricia con un guante agradable, de peluche, y se le hace cosquillas. Y a otro rata con el mismo guante se le acosa, se le acorrala  y se le agrede. Y se ha demostrado que en varias generaciones los descendientes del ratón agredido es agresor, así que hay un componente genético, aunque desde luego intervienen otros factores, como el cultural y el social. 

- ¿Cuál diría que es el factor cultural o social determinante?

- La autoestima. Al final el bullying es un problema de autoestima, ya que tanto acosador como acosado tienen  un problema de autoestima que obliga a intervenir. El primero necesita agredir para autoafirmarse y sentirse bien, y el agredido habitualmente no tiene recursos de asertividad suficientes como para defenderse y detener el proceso a tiempo. 

- Pero esas dos actitudes extremas serán producto de algo...

- De la sociedad competidora que he mencionado antes. No hay más que ver los patrones que existen en la publicidad. El triunfador es quien no tiene en cuenta a los demás, el más guapo, el más joven, el más sano, el que más se ocupa de sí mismo y menos de los demás. Si tú te pones esta colonia o te compras este coche vas a disfrutar, eso nos dicen. Nadie te dice que te compres un coche y lo compartas con tu vecino, porque así los dos tendréis el doble de dinero y el doble de satisfacción. 

- No veo yo ese anuncio triunfando...

- O a lo mejor sí. Yo siempre digo que quizá tendríamos que trabajar un 30% menos, ganar un 30% menos de sueldo y vivir un 30% más. 

- Antes ha mencionado la asertividad... ¿A qué se refiere con ese termino?

- Asertividad es hacer valer tus derechos frente a los demás, sin agredir a los demás. Voy a ponerte un ejemplo. En una empresa el asertivo te invita a tomar algo después del trabajo, y aunque le digas que no, vuelve a intentarlo al día siguiente, y al día siguiente, y no pierde ocasión para quedar y conocerte mejor. El agresivo a la segunda negativa piensa que eres idiota y no vuelve a pedírtelo. Y el tímido directamente no se atreve a pedírtelo. 

- ¿Se puede aprender a ser asertivo o a dejar de ser tímido?

- Desde luego. Hay una base genética, pero yo he sido tímido y débil hasta que descubrí la inteligencia emocional, y ahora me das un micrófono y me llenas la plaza de toros de Teruel de gente y en 15 minutos los tengo a todos bailando. El tímido lo es por miedo al ridículo, pero el ridículo es una sensación subjetiva. El ridículo solo lo hace quien piensa que lo está haciendo. Yo en Zaragoza he hecho bufandadas en la plaza del Pilar contra el cáncer de colon, con un micro invitando a todo el mundo a hacer figuras con su bufanda. Habrá gente que me mire y piense que estoy haciendo el ridículo, pero yo sé que no lo estoy haciendo, porque la bufandada es para luchar contra el cáncer y la gente se divierte haciéndola. 

- Hemos hablado de víctimas y agresores. ¿Y los terceros?

- Los terceros son la clave. Los que asisten a casos de acoso tienen que ir a lo suyo sin hacer nada, a no ser que se esté poniendo en grave peligro a la víctima. ¿Por qué digo esto? En las aulas los abusadores viven de la atención y de las risas que generan entre los terceros. No hace falta que haya delaciones o acusaciones, excepto en casos graves, porque esas delaciones pueden provocar simplemente un cambio de víctima. Pero sin la colaboración del resto de las personas, sin nadie que le ría las gracias, el acosador suele dejar de acosar. 

- ¿Cómo debe actuar un adulto cuando presencia un posible acto de acoso, en el que no está implicado ninguno de sus hijos?

- En esos casos se debe tener tolerancia cero, y se debe actuar pero con discrección, para que quienes actúen de verdad sean los responsables y profesionales. Si ves un chico acosando a una chica tienes que ponerlo en conocimiento de la jefatura de estudios o de los padres para que estén prevenidos, pero no se puede actuar directamente, porque quizá son novios y ese día han discutido y están enfadados, pero al día siguiente recobran su relación afectiva normal. Los adultos profesionales y quienes están cerca de ellos son los que interpretan la situación bien y sin equivocarse. 

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