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Jueves, 20 de septiembre de 2018
CULTURA

6/7/2018

‘Estados y Estancias’, un diagnóstico crítico acerca de la generación milenial

Laura López plasma a través de la imagen las nuevas alienaciones producto de las redes sociales
Miguel Ángel Artigas
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Vista de la exposición Estados y Estancias, de Laura López, en Bellas Artes
Vista de la exposición Estados y Estancias, de Laura López, en Bellas Artes

Subir una foto a una red social de internet y que no genere el número de likes esperado puede suponer un serio quebradero de cabeza si quien la ha colgado tiene entre 20 y 30 años. Eso no significa que sean ciertas o ajustadas todas las generalizaciones que se aplican a los llamados milenials, los nacidos a partir de los últimos años 90, en cuya infancia las nuevas tecnologías de la información (¿cuándo dejarán de llamarse nuevas?) ya funcionaban a pleno pulmón. Pero sí que es un síntoma de que una serie de pautas de comportamiento se han extendido de forma clara y a nivel global hasta el punto de merecer una reflexión. A ello se dedica la estudiante del grado de Bellas Artes en el Campus de Teruel Laura López Rodríguez en Estados y Estancias. Un recorrido por el artificio, proyecto gráfico que ha podido verse en la sala de exposiciones del Edificio de Bellas Artes de la capital turolense. 

Laura López, que con 25 años se considera a sí misma una milenial porque además “yo entro dentro del catálogo de muchas de las características que se le atribuyen a esa generación”, ha investigado las nuevas formas de afrontar la interacción social y las conductas personales, desde el ámbito del arte y con vocación crítica: “Aunque hay que huir de las generalizaciones, muchos de los motivos por los que nos tacha a los milenials de narcisistas e inútiles están justificadas”, asegura la artista zaragozana. “En mi proyecto yo hablo de esa deriva que estamos tomando y que se proyectará a futuro. Mi teoría es que ante los problemas que nos surgen en la vida real buscamos una solución virtual a través de la evasión en internet. Y eso tiene como consecuencia, entre otras cosas, el cambio en las relaciones sociales, con nosotros mismos o una drástica reducción de la productividad, que me preocupa”. 

Partiendo del recurso retórico del alejamiento, Laura López, que suele firmar como Lu de López, plantea un itinerario por las diferentes estancias por las que discurre el proceso de enmascaramiento de la identidad real tras la cibernética. Se plasma en una serie de obras multidisciplinares con el dibujo, la ilustración, la pintura y el grabado como base, articuladas en tres series tituladas Lo real, El artificio y La pantalla.

La primera de ellas analiza los problemas a los que se enfrenta una generación que en nuestro contexto sociopolítico está determinado por las crisis políticas, la precariedad laboral y el resquebrajamiento del paradigma del estado social. A través de sus imágenes, Laura López plasma la impotencia, la incomprensión o la soledad que suelen ser comunes a todo el mundo durante la adolescencia, pero que en este caso se agravan por las malas espectativas laborales y el síndrome de Peter Pan que deriva de ellas y la preeminencia de las redes sociales. Por decirlo de algún modo, la globalidad y la accesibilidad a estas redes aumenta drásticamente el nivel de competitividad en cuanto a las habilidades sociales y profesionales. “Y un patrón de conducta que se repite es que cuando estas no se ven satisfechas, cuando existe un problema que genera frustración, en lugar de atajarlo en el mundo real se busca refugio en internet para atajarlo de forma virtual”, explica la zaragozana. Como ejemplo, López cita el caso recurrente de un joven que no encuentra trabajo y en lugar de seguir buscando lo recalca reiteradamente en las redes sociales. Si además sus mensajes no obtienen el ciberreconocimiento que él espera, en forma de likes o retweets, además de un joven sin empleo se convierte en uno frustrado y con tremenda sensación de incomprensión. 

Esto nos lleva a El artificio, la segunda y seguramente la central de las series de la exposición, que hace referencia a la solución subjetiva que ofrece el mundo de internet a los problemas expuestos. Los dibujos y pinturas de López inciden en el símbolo de la máscara. “Nos fabricamos un disfraz que es una versión mejorada de nosotros mismos. Mucha gente invierte mucho tiempo y esfuerzo en construirlo, y cuanto más sólida se hace más seguidores virtuales logra y más dependencia nos crea”, explica la autora. “Y al mismo tiempo, más se va separando ese disfraz de lo que realmente eres”. 

El proceso suele comenzar con una máscara similar al molde –entendiendo molde como nuestra auténtica personalidad de la que parte el disfraz–, que se va deformando y mejorando paulatinamente a través de aquellas actitudes que la persona demuestra a través de las redes sociales pero que no se corresponden con ella en realidad. El resultado puede ser una personalidad virtual tan diferente a la real que ambas se disocian, y su propietario tenderá a autoalienarse, actuando como cree que debería actuar su personalidad virtual idealizada. 

La tercera serie se titula La Pantalla y reflexiona sobre los referentes que toma el joven para construir una personalidad virtual que, según sus estimaciones, tendrá más éxito que la suya propia. Gráficamente, López presenta una serie de iconos “que se representan como ídolos, como esculturas idealizadas”. Muchos de ellos tienen la característica de no tener pechos ni genitales, redundando en el carácter fluido del género y de la igualación entre ambos que se provoca en el seno de las redes, donde alguien puede cambiar su sexo virtualmente de forma inmediata y sin esfuerzo. Esas figuras que representa la autora “se basan en la estética de las esculturas de Donatello, que solía representar personas jóvenes poniendo de manifiesto que la juventud era un gran valor en sí mismo”. 

En todo este fenómeno sobre el que reflexiona Laura López a través de sus imágenes juega un papel esencial el momento cronológico en el que el cambio ha sobrevenido. “Personas de otras generaciones más antiguas han podido generar también adicciones a las redes sociales, pero en el caso de quienes hemos vivido la adolescencia sumergidos en ellas esto se agrava porque ha coincidido con la explosión de la presión social que todo el mundo vive durante esa época de su vida”.  

Cada generación tiene su Vietnam, busca sus soluciones y crea sus propios traumas, y cada gran cambio social, cultural o económico llega siempre sin que aparentemente esté preparada. “Sin embargo la aparición de actitudes claramente antisociales o el hecho de que vida virtual pueda ocupar más tiempo que la real en algunos jóvenes es algo sobre lo que hay que reflexionar” para evitar un efecto de contagio para quienes vengan detrás. Porque ellos tendrán derecho a tener sus propios problemas. 

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