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Martes, 19 de junio de 2018
BOLLIGANDO

25/5/2018

El Mas Blanco

Cruz Aguilar
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El Mas Blanco es un conjunto de masías de San Agustín. Javier Escriche
El Mas Blanco es un conjunto de masías de San Agustín. Javier Escriche

Hace unos días estuve de nuevo en el Mas Blanco y me volvió a encantar. Las piedras y la tierra de sus calles se han vuelto verdes con la hierba que ha salido tras las lluvias. Calles como las de antes (para los que se acuerdan de cómo eran, la verdad es que yo no demasiado), sin cables en las fachadas. Una barriada perfecta, que parece sacada de un cuento pero que para ello tuvo que pagar un alto precio. Está deshabitada. Bueno, más bien poco habitada, porque vive allí una familia de ingleses que, según cuentan, no se relacionan mucho con la gente de la zona. Normal, si han ido para estar solos no se van a dedicar a invitar a todo Gúdar-Javalambre a tomar el té. 
En el Mas Blanco había ese día una jornada de convivencia con la maestra que hubo durante el curso 61-62 y sus palabras fueron como una visita guiada al mundo rural de la posguerra, con noches desgranando panochas de maíz y días dibujando mapas sobre la arena para estudiar geografía. Unos tiempos en los que no faltaban familias voluntarias para ceder a una hija adolescente durante las noches para que la maestra, una joven de 23 años, durmiera acompañada. Supongo que sería por el miedo y también un poco por el qué dirán, pero en estos tiempos en los que se cae en la calle un anciano, o un niño, y nadie se detiene ni para ver lo que le ha pasado llama la atención.
El Mas Blanco es el lugar idóneo para conocer cómo eran nuestros pueblos al terminar la guerra civil. Hay algunas casas en ruina, es verdad, pero también hay otras muchas que gracias al empeño de la Asociación Recartografías se han recuperado, como la escuela, la casa de la maestra o el horno. Esta agrupación busca poner otra vez en el mapa a los pueblos abandonados, para que nadie los olvide. Aunque el Mas Blanco sigue, al menos hoy, en la memoria de muchos. Algunos vuelven todos los años para reencontrarse con su niñez. Otros no lo hacen porque sienten pena de que muchas de las casas donde ellos vieron tanta vida ahora estén derruidas. Cada uno vive el drama de la despoblación como puede. O como le dejan.

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