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Miércoles, 23 de mayo de 2018
SOCIEDAD

2/4/2018

Hemeroteca: El Kpis, el pastor de Ojos Negros que se convirtió en un artista autodidacta

Felipe Martínez desarrolló una intensa actividad escultórica tras jubilarse en su pueblo natal
Elisa Alegre
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La familia de Kpis, en la imagen, ha cedido para este reportaje una serie de fotografías sobre el artista y su obra
La familia de Kpis, en la imagen, ha cedido para este reportaje una serie de fotografías sobre el artista y su obra

Admiraba al artista renacentista Miguel Ángel, pero su taller estaba en el corral y su formación artística era su propio instinto. Felipe Martínez Garcés, Kpis, fue un escultor autodidacta que no pudo dedicarse a lo que más le gustaba porque, decía, había que dar de comer a los hijos. Cuando se jubiló en su localidad natal, Ojos Negros, encontró el tiempo y el lugar para dar vida a las obras que intuía en las piedras o en la madera, a golpe de pico y cincel, solamente. Querido y reconocido en su pueblo, este periódico lo descubría para el resto de la provincia en un reportaje hace ahora 25 años en el que contaba cómo vivía el arte como “escultor sin explotar”, como escribió en su propia biografía, sin lamentos ni reproches por las oportunidades perdidas.

Contaba con 74 años cuando protagonizaba el reportaje de este periódico, la cúspide de su trayectoria artística decía él en el texto introductorio, aunque no hubiera cobrado nunca por sus obras porque: ‘Sería “como vender un brazo mío” .

La historia de este escultor turolense es la de la España rural y empobrecida que no pudo acceder a los caminos que llevan a los sueños: A Felipe Martínez Garcés nunca le pasó por la cabeza dedicarse a la escultura como profesional. “¿Y cuando no hubiera vendido una cosa, cómo hubiera dado de comer a los hijos” se preguntaba en el reportaje. No había lamentos por no haber podido formarse como escultor y haberse ganado así la vida, sino el conformismo de la generación que no ha perdido tiempo en lamentaciones porque venían de una guerra. Sorprende que Felipe Martínez no se muestre rencoroso por este azar de la vida, que le ha condenado a pasar inadvertido a pesar de su gran capacidad creativa, forjada a través de muchos años de experiencia golpeando la piedra con la maza y el cincel en sus ratos libres recogía el reportaje.

Una vida dedicada al trabajo

Desde los 7 años a los que empezó a trabajar, decía el texto periodístico, había cuidado animales y trabajado como hornero y agricultor hasta que fue reclutado en el Ejército en 1938. Cuatro años después volvería a Ojos Negros para trabajar como minero, pastor y agricultor. 

Emigró a Barcelona en los años sesenta, y más tarde a Zaragoza, donde se jubiló con 62 años, para volver de nuevo a su pueblo natal. En esos años trabajó en empresas siderometalúrgicas y en la construcción, y durante un tiempo también estuvo dedicándose a hacer pequeños trabajos de tallas en un taller zaragozano, aunque esa ocupación nunca le permitió desarrollar su vocación de escultor. Así que solo tras la jubilación empezó a trabajar sin parar: “Yo antes no podía dejar el jornal para hacer esto porque no había vida”.

Entonces convirtió el corral de casa en un taller y comenzó a perfeccionar la técnica que había ido pensando durante años. “De pastor yo pasaba muchas horas en el campo con el ganado y me dediqué desde muy joven a hacer tallas en madera, y todo ese tiempo que tenía también me dio mucho que pensar” recordaba en el texto. 

“Yo veo lo que hay dentro de la piedra” decía. “Según voy dándole martillazos veo lo que va saliendo, entonces quito lo que estorba y dejo exactamente lo que hay que dejar”, recogía el periodista de su manera de trabajar, que describía así: Su arte es instintivo y la creación de la futura escultura va desde adentro hacia afuera de la piedra: “Cuando cojo una piedra tengo que mirar para hacer una obra más o menos como lo que es en sí el trozo de roca que tengo ante mí”.

Las herramientas que utilizaba eran artesanales, huía de las más modernas como los compresores, “hay que hacerlo a puro golpe de cincel, puntero y formón”. Esos utensilios y la maceta para golpear son las únicas herramientas que requiere para dar vida a las piedras que toca con ellas, decía el reportaje.

Y el ingenio que desarrolló se demuestra con detalles como este que cita el periodista: Para trabajar la madera cuando era pastor utilizaba la navaja que llevaba siempre encima, y varillas de paraguas viejos que se encargaba de afilar en función de la finalidad que fuesen a tener.

Profeta en su tierra

Kpis expuso en vida en Zaragoza y Teruel, aunque sobre todo fue querido y reconocido en su pueblo, en Ojos Negros, donde tiene una plaza con su nombre, y en cada rincón del pueblo hay carteles, pequeñas esculturas religiosas o festivas con su firma. Las obras de Kpis comienzan a poblar todos los rincones de Ojos Negros, con esculturas que son un fiel reflejo del mundo rural y que van desde el Monumento al Pastor hasta la Vaquilla de la plaza de toros, decía el reportaje. Añadía el texto que el artista era desconocido fuera de Ojos Negros, pero su obra está desperdigada por todo el pueblo: varias placas esculpidas en las calles con sus nombres y bajorrelieves con diversos motivos y un número elevado de esculturas en piedra como el monumento a la Vaquilla, el busto del reverendo padre García Garcés y las vírgenes de la Pilarica y de Santa Engracia, además de los escudos de Teruel y Ojos Negros. 

Fuera del pueblo, continuaba el reportaje, solo había entonces una obra suya en Daroca, en un panteón familiar. Pero en aquel verano de 1993, Kpis bullía de actividad, acumulando grandes piedras que esperaban a que fueran descubiertas las esculturas que tenían dentro. 

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