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Lunes, 28 de mayo de 2018
ENTREVISTAS

7/2/2018

Emilio Pérez Bujarrabal, Grullero Mayor 2008: “En los 70 bordeamos la Ley de Caza para, sin salirnos, proteger Gallocanta”

Cruz Aguilar
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Emilio Pérez Bujarrabal, con el trofeo y la camiseta de Grullero Mayor. Jan Voinea
Emilio Pérez Bujarrabal, con el trofeo y la camiseta de Grullero Mayor. Jan Voinea

Emilio Pérez Bujarrabal es ingeniero de Montes y, aunque ahora ya está jubilado. Su responsabilidad en la gestión de la caza y pesca de la provincia de Zaragoza a entre el año 1972 y 1984 fue fundamental para conocer la Laguna de Gallocanta tal y como está hoy. El técnico supo aprovechar la Ley de Caza de 1970 para proteger las aves que había entonces en el humedal y multiplicar su número en pocos años. Su trabajo le ha valido el reconocimiento de Grullero Mayor 2018, un premio que concede la Asociación de Amigos de Gallocanta a aquellas personas que han jugado un papel fundamental en la puesta en valor de este espacio. 

- ¿Qué supone para usted recibir el premio Grullero Mayor?

- Me lo pasé muy bien en la entrega, fueron muy amables conmigo de la Asociación de Amigos de Gallocanta y tengo un gran recuerdo de los 12 años que trabajé por allí.

- Su primer contacto con la laguna fue en 1972, ¿cómo estaba entonces el humedal?

- Había mucha más agua, tenía 20 kilómetros de perímetro y hasta 2,80 metros en los sitios más profundos. En esos primeros años se colocaron 36 puestos de caza en isletas y bidones para los cazadores provinciales, locales y nacionales. Eso fue hasta el año 81 que disminuyeron las aguas. En 1975 había 1.400 hectáreas de agua, ahora estará en un momento normal en unas 800 hectáreas. Entonces había una profundidad que obligaba a viajar en las barcas con chaleco salvavidas y repartir 36 cazadores en 20 kilómetros de perímetro y de noche para que los patos no se dispersaran, era complejo.

­- Eso es afición por la caza

- Sí, porque después los cazadores tenían que esperar en los puestos y se hacía en los meses de invierno, entre noviembre y febrero, hubo un año que se tuvo que suspender por el hielo. 

- Pero la laguna es salada…

- Sí, pero a muchos grados bajo cero se forman placas y es difícil repartir a 36 personas por entre medio de ellas.

- En ese 1972 y gracias a su trabajo se logró la primera figura de protección para la laguna , que fue la de Zona de Caza Controlada.

- Fue una forma de conseguir una protección para la zona del perímetro que queda entre los cinco pueblos, el perímetro de la zona de caza coincidía con las carreteras que unen Gallocanta con Berrueco y Las Cuerlas y estos con Bello y Tornos.  De todas las fórmulas que había elegimos esa por la agilidad de conseguir enseguida una protección y que no hubiera una presión de cazadores que con lanchas a motor espantaban a las aves. 

- Puede parecer paradójico que con una Ley de Caza se proteja a las aves…

- Yo usé la Ley De Montes, la de Pesca y la de Caza y con ayuda de algunos expertos, como Adolfo Aragüés, exprimimos la legislación hasta donde podíamos llegar, sin salirnos de la ley pero bordeándola para tomar medidas de protección. Después ha habido toda una serie de figuras de protección que han complementado aquello. 

- ¿Qué presión había en ese momento en Gallocanta ?

- Sobre todo de cazadores expertos en acuáticas que iban con barcas motoras, también furtivismo de aves de nidos, alguna roturación indebida… Nosotros conseguimos llegar a un equilibrio entre los intereses de ganaderos, agricultores y cazadores locales  y la naturaleza es muy agradecida, en cuanto tienes unas medidas de protección, la población explota en número. De 26.000 anátidas que contabilizamos en 1972 se pasó en los 80 ya a 200.000. 

- Las grullas son ahora el principal reclamo del humedal, ¿ya las había entonces?

- Sí, pero en muy poco número. El doctor Francisco Bernís, que fue el primer ornitólogo Español, estuvo por allí en el año 66 y captó alguna, unas 200 y de paso. No recalaban allí como ahora. La población de anátidas, fochas y patos era mucho más grande. Las grullas necesitan agua estancada, pero no profundidades, vasos ligeramente encharcados. Al disminuir las aguas, las anátidas también disminuyeron y aumentaron las grullas, que se posan para resguardarse de los depredadores. 

- 1978 fue una fecha clave en la protección de la laguna, ¿por qué?

- Fue un año clave porque había 200.000 aves y además el Ayuntamiento de Daroca hizo unas reuniones culturales y científicas y vino Félix Rodríguez de la Fuente, que le gustó mucho la zona.  En ese momento había varios proyectos de desecación y lo que demostramos es que podríamos congeniar intereses de ganaderos, agricultores y cazadores… 

- En la actualidad está clara la importancia del medio ambiente pero entonces supongo que no fue fácil evitar que fuera desecada…

- Nos apoyamos en que era una obra muy costosa y se potenció el valor ecológico. Era una obra importante pero demasiado costosa, había que hacer un bombeo hasta el Jiloca. En los años 60 se intentaron desecar muchas lagunas sobre todo en Castilla La Mancha y las pocas que quedaban tenían mucho valor. Una de las misiones que tuvimos era conocer la flora, la fauna, la vegetación sumergida, contratamos lipnólogos para estudiar la composición de las aguas, de las sales y de la vegetación sumergida. La figura de Zona de Caza Controlada permitió conocer la flora y la fauna, se hizo un censo de 220 especies distintas, lo cierto es que desde el 72 esa figura de caza cubrió las necesidades de protección. 

- ¿En esos años se pensaba que las aves y la laguna podían ser un atractivo turístico?

- No, pero ya lo intentamos porque se comunicó con una serie de centros de ornitología y empezaron a venir extranjeros. En esos años llegaron ya 60 ornitólogos alemanes porque esas características que tenía España son muy curiosas. Manchas salinas de agua no hay, las más parecidas son en la zona de Anatolia,  en Turquía. Incluso en esos años llegó un inglés que ahora está residiendo en Berrueco, cambió las brumas londinenses por el secaran de Gallocanta. Hubo promoción porque vino el Nodo y unos naturalistas de una televisión americana debido a que uno de los fines de la Zona de Caza Controlada era lograr unas recetas de protección para que fuera utilizada como aula de naturaleza al aire libre y creo que se consiguió. Pusimos unos límites, sobre todo para proteger a las aves en la nidificación, en esos momentos no estaba permitido el paso. Para los guardas se preparó unos breviarios con palabras en inglés y francés.

- ¿Esos guardas solo controlaban que no hubiera caza ilegal?

- Que no hubiera quema, roturación y que las señales de las 6.720 hectáreas permanecieran en su sitio. También que no hubiera acciones de caza, solo los 36 puestos permitidos y la media veda para la que estaban autorizados los cazadores locales. 

- Los tiempos han cambiado, sin embargo los problemas entre agricultores y naturalistas siguen vigentes y la prueba está en la Laguna del Cañizar, sobre la que había una gran oposición hasta hace poco…

- Cada uno intenta barrer para su interés. Cazadores, ayuntamientos, agricultores y ganaderos. Nosotros conseguimos el equilibrio, hubo que valorar los daños de las aves, pagar algunos de ellos, pero hubo un entente cordial. Yo iba dos veces a la semana, estaba allí muchos días. Una de las claves fue que los tres guardas eran de Gallocanta, Tornos y Cubel, estaban muy relacionados con la población, conocían a los cazadores, a los furtivos… Eran cazadores que se conocían las aves, llevaban toda su vida viéndolas, sabían donde nidificaban, dónde iban a beber agua... Cambiaron la escopeta por unos prismáticos. Esta experiencia se repitió en los cotos sociales de Belchite-Azuara y Monegros. 

- El sábado tuvo oportunidad de ver cómo está la laguna, da cierta pena, ¿no le parece?

- Da un poco de pena, pero hay que tener esperanza que llegará un momento que volverá a tener agua y su interés. Estos ciclos de lluvia y no lluvia son muy amplios y no se conocen, pero mejorará. Hay que seguirlo protegiendo porque allí hay semillas que en el momento que haya condiciones apropiadas de humedad volverán a resurgir. 

 

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