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Lunes, 19 de febrero de 2018
EL PUYAZO

15/1/2018

Lo rural frente al buenismo ignorante

Francisco Javier Belmonte
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El toreo tiene muy difícil ganarse el futuro. Y no tanto por la desastrosa gestión que la propia industria taurina hace de su patrimonio, tan rico en esencias y luminosidades pero tan partido, deshonrado y asolado, como por esa nueva filosofía existencial en la que una visión urbanita del universo va relegando lentamente, pero con absoluto desdén y desprecio, los valores que durante generaciones sustentaron la relación del hombre con la naturaleza. Lo rural, para el nuevo ciudadano, se presupone bárbaro y anacrónico, merecedor por tanto de demolición, de ahí que en este nuevo mantra urbanita que se hace evidente en posiciones políticas como el animalismo o el ecologismo más radical y salvaje, por ejemplo, se pretenda colocar al ser humano al lado de una naturaleza digna de ser solo contemplada y admirada cuando durante milenios el hombre ha formado parte de ella y en ella se ha desarrollado. 

Por otro lado, sumen a esto que el mundo tiende cada vez más a concentrar todo su poder en grandes urbes estado con toda la población sometida a su imperio y mandato, y tamicen esa población de estas nuevas ideas basadas en una filosofía buenista de la creación que cada vez gana más terreno en nuestra sociedad a pesar de que no pocos sociólogos y filósofos nos están alertando contra ella. El resultado es que el futuro de nuestros nietos no va a pasar precisamente por una concepción rural de la vida. De entrada porque ahí andan algunos combatiendo con ahínco las evidencias palpables de lo rural, tradiciones ancestrales y nobles que han determinado la relación del hombre con su entorno como la caza, la pesca, la equitación… y por supuesto la tauromaquia. Y lo combaten imbuidos de una idea que creen Bien Superior, de un buenismo ignorante que anda alentado por intereses políticos y económicos en la sombra. Pero ese es otro tema.

El tema es que precisamente la tauromaquia es el paradigma de ese universo rural a combatir. Claro, porque desde la mitología, la historia, la cultura y hasta la ciencia se ha contemplado al hombre como centro del universo enfrentado al poder devastador de la naturaleza, y de él mismo como parte de ella. Y el toreo no ha hecho otra cosa que escenificar en un ruedo, el mundo, esa lucha permanente entre el hombre y el medio, un conflicto extremo en el que el toro no es otra cosa que un reto descomunal para alcanzar la subsistencia. Dominarlo no es otra cosa que vencer al miedo y a la muerte. Pero ¡ay! la muerte… Es curioso pero el nuevo hombre la esconde. No hay más que ver la polémica generada esta semana porque una niña descuartizó un conejo para guisarlo en un concurso de cocina televisivo. Algunos se echaron las manos a la cabeza.

En fin… Por desgracia la despoblación del medio rural es cada vez más evidente. Con él también se despueblan las conciencias y se deshabitan unos valores que han permanecido inalterables desde el origen mismo del hombre. En un par de generaciones quizá ya nadie tenga conciencia de esta visión de la vida y la tauromaquia ya solo sea historia y recuerdo. Será su victoria. Al fin y al cabo ellos tienen el uso y hasta el abuso de la palabra. ¡Aunque cuidado…! Si quieres hacer reír a Dios cuéntale solo los planes que tienes. Se descojona. Otros habrá que trabajen para desenmascarar esta mentira sobre el hombre.

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