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Sábado, 21 de julio de 2018
BAJO ARAGÓN

27/12/2017

El rastro que dejó Igor El Ruso: Robó en una treintena de viviendas y fue visto dos veces antes de los crímenes

Campó a sus anchas por Albalate, donde entró prácticamente en todas las viviendas aisladas de la margen izquierda del pueblo
Marcos Navarro
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En la imagen, zona donde Igor El Ruso asesinó a los dos guardias civiles. Al fondo, El Saso, lugar donde el exmilitar de origen serbio mató al ganadero José Luis Iranzo
En la imagen, zona donde Igor El Ruso asesinó a los dos guardias civiles. Al fondo, El Saso, lugar donde el exmilitar de origen serbio mató al ganadero José Luis Iranzo
Fotoreportaje

El asesinato en Andorra del ganadero José Luis Iranzo y de los guardias civiles Víctor Romero y Victor Jesús Caballero a manos de Norbert Feher nueve días después de que Igor El Ruso disparara a sangre fría en Albalate del Arzobispo contra Manuel Andreu y Manuel Marcuello pone en cuestión el operativo desplegado para la búsqueda del criminal. Tras el primer tiroteo, el exmilitar de origen serbio fue visto en dos ocasiones por los vecinos, que sabían que no se había movido de un municipio donde, a juzgar por una treintena de robos en mases, chalets y casas de huerta, llevaba al menos desde principios de noviembre.

Feher campó a sus anchas por Albalate, donde entró prácticamente en todas las viviendas aisladas de la margen izquierda. Se hizo con comida y ropa de abrigo en muchas de ellas, y en otras incluso se sospecha que llegó a dormir coincidiendo con las noches más frías. A finales de noviembre mató a un perro a palos en la partida de San Antonio, pero fueron los disparos del 5 de diciembre los que le delataron. Posteriormente fue visto en un par de ocasiones por los vecinos, algunos en sus propiedades. Pero ningún operativo especial de cerco se llegó a activar para indignación de los albalatinos, que vivieron atemorizados y muchos no salían a cazar ni a recoger olivas. La información no llegó a la vecina Andorra, pues los agricultores y ganaderos siguieron con sus rutinas sin que nadie les alertara de que un peligroso criminal andaba suelto pese a que algunos habían denunciado robos. 

Las preguntas sobrevuelan las cabezas de familiares, amigos y compañeros de trabajo de los asesinados. “¿Cómo es posible que hayamos estado nueve días, y no se sabe cuánto más tiempo antes del día 5, a expensas de un asesino que se lió a tiros en una masía en Albalate?”, cuestionan los allegados de Iranzo. “¿Tenían que haber muerto el día 5 estos dos señores que fueron tiroteados a bocajarro para que se activara un protocolo de seguridad y se incrementara el dispositivo?”, se pregunta el portavoz en Aragón de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), Cristóbal Soria. “Prefiero no pensar que el inicio del puente de la Constitución afectara a la toma, o no, de decisiones para la búsqueda del agresor”, manifiesta el secretario general de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón (UAGA), José Manuel Penella, que tenía a Iranzo como mano derecha en la ejecutiva del sindicato agrario.

En una nota de prensa con membrete del Ministerio del Interior y de la Dirección General de la Guardia Civil, se aseguraba hace ocho días que desde el día 5 se estableció un dispositivo para la localización del autor de los disparos en el que participaron la unidad aérea, servicio cinológico (perros), policía judicial y patrullas de seguridad ciudadana, que realizaron “un amplio rastreo de la zona para verificar si esta persona se encontraba por el lugar o había huido por otras localidades próximas”. Al mismo tiempo, según la nota, agentes especialistas en criminalística inspeccionaron el masico de Albalate donde Andreu y Marcuello fueron heridos de gravedad por arma de fuego para obtener evidencias que permitieran la identificación del autor de lo ocurrido. Una identificación que no llegó hasta la madrugada del 15 de diciembre, después de que, esta vez sí, un amplio operativo con cuerpos especializados completara con éxito la operación jaula que acabó con la detención de Igor El Ruso en Cantavieja.

Vida normal, pero con miedo

“Ese dispositivo se tenía que haber montado el día 5 y a 150 metros” del masico de Andreu “lo hubieran capturado”, aseguró Vanesa Pequerul, cuyo padre descubrió a Feher en la madrugada del 11 de diciembre intentando robar en su torre.

“Este señor era un terrorista y se vio el día 5 cuando tiró a matar”, por lo que “lo más normal era que se hubiera desplegado un dispositivo que estuviera las 24 horas disponible”, reivindicó. Aquella noche salieron de casa escoltados por la Guardia Civil, pero “a las ocho de la mañana tuve que entrar a cambiarme de ropa yo sola, a cuerpo limpio. Es triste y lamentable”, criticó.

Pequerul denuncia que las autoridades no estuvieron a la altura para organizar un amplio operativo de batida, pero también carga contra los agentes del Instituto armado, pues tras los tiroteos “le dijeron a mi hermana que había que hacer vida normal” y “yo no puedo hacer vida normal cuando hay un criminal suelto”. “Me llegaron a decir que estaba loca porque había visto movimientos extraños cerca de una cueva”, lamentó.

Los albalatinos no aciertan a comprender cómo no se fue antes a por un delincuente que hizo de la localidad su fortín. Los vecinos sospechan que dormía en cuevas y bajaba a los mases a por alimentos y ropa de abrigo.

Robó en una treintena de domicilios próximos a la variante este de Albalate, comenzando por el paraje del Olivar y continuando por Val de Urrea, Millas y San Antonio. Después bajó al río. Los vecinos denunciaron pequeños hurtos, la gran mayoría comida y bebida pero también motosierras o generadores.

En torno al 25 de noviembre se produjo el primer episodio de violencia de este sujeto, que mató a palos a un perro en San Antonio. Diez días más tarde se produjo el primer tiroteo. Andreu acudió a su masico y, al intentar abrir la puerta, descubrió que estaba forzada la cerradura. Volvió al pueblo para avisar al cerrajero, Marcuello, y mientras cambiaba la cerradura el criminal la emprendió a tiros con ambos, que resultaron heridos graves y huyeron como pudieron.

Durmió a 200 metros

Feher no concebía salir huyendo de los lugares donde actuaba. Escuchó todo el operativo policial que acudió al masico desde un chalet situado apenas a 200 metros. Según Pequerul, que vive a un kilómetro de la zona, allí pasó al menos la noche del día 5.

A partir de entonces los vecinos dejaron de ir a los masicos por miedo. Tampoco iban a las olivas. “Un vecino aseguró que lo vio el sábado siguiente (día 9), saliendo a toda prisa de un masico”, dijo Pequerul.

Horas después, en la madrugada del día 11, es cuando la familia Pequerul, que llevaba días durmiendo con dos escopetas cargadas y las ventanas abiertas, percibió la presencia del fugitivo en su torre. ”Mi padre lo vio sobre las 2:30 horas. Se levantó porque oyó un golpe a un cubo y, después, un carraspeo. Eso es lo que más le llamó la atención. Cuando abrió la ventana, se fue corriendo”, relató.

Llega a Andorra

Tras darse a conocer en el puente de la Constitución –precisamente cuando más gente había en Albalate–, Feher decidió desplazarse a Andorra. El 11 de diciembre entró en El Ventorrillo, propiedad de la familia Capapé. Robó cervezas, refrescos, huevos, whisky, ginebra, guantes de látex y una linterna frontal, según aparece reflejado en la denuncia presentada el día 12.

Pese a que se presentó la policía judicial, no se alertó a los ganaderos y agricultores de la zona del peligro que podían estar corriendo, según sostiene Roberto Capapé en contraposición a las palabras del subdelegado del Gobierno en Teruel, José María Valero, que en rueda de prensa aseguró que la población “era consciente de lo que estaba pasando y de alguna forma fue prudente, colaboró con la Guardia Civil en todo momento y por supuesto no expuso tampoco su vida ante estos peligros”, apuntó.

“No se nos dijo absolutamente nada de que no fuéramos a coger olivas. Todo el mundo hacía vida normal”, aseguró Capapé, quien duda de que Iranzo supiera a qué se exponía cuando el 14 de diciembre, día en que fue asesinado, acompañó a los agentes al Huerto de Valdoria donde creían que estaba escondido el criminal.

Estas pesquisas tuvieron lugar tras la noche del 13 de diciembre, cuando Los Iranzo encontraron evidencias de que alguien había estado en el mas de El Saso. Faltaba alcohol, refrescos y garrafas de agua.

Trágico desenlace

Tras colaborar con el Instituto Armado, Iranzo volvió a sus obligaciones laborales. Sobre las siete de la tarde, como tantos días, fue a buscar a su padre a la explotación ganadera de El Saso. Vio la luz de la masada encendida y, al intentar acceder, Feher se cruzó en su camino y le disparó dos veces, acabando con su vida.

El fugitivo montó en la furgoneta de Iranzo para emprender un huida hacia la carretera. Cerca de la A-223 vio la luz de varios vehículos de la Guardia Civil, por lo que cambió de dirección hacia el mas de Juan El Hermoso. Allí esperó pacientemente a que Caballero y Romero reconocieran el coche y, confiados, se bajaran del suyo para asestarles una quincena de tiros bajo el chaleco anti balas, donde sabía que eran mortales.

El Ruso emprendió entonces una huida que detuvo en Cantavieja al salirse de la calzada con el coche robado. Cogió entonces una bicicleta –que no era la de Iranzo y que nadie echó en falta de los mases en los que entró, por lo que pudo estar moviéndose con ella por el territorio– que habría cargado en el coche, con la que apenas recorrió 200 metros porque cayó agotado. Agentes de la Guardia Civil le detuvieron minutos antes de las 3 de la madrugada, ocho horas después de cometer los crímenes.

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