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APUNTES POSTCATÓDICOS

15/12/2017

La ‘revolution’ ya casi se ha acabado

Alberto Librado
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Gran Hermano ha encendido las luces navideñas, pero este año los concursantes no se van a tomar el turrón en la casa de Guadalix. Los datos de audiencia de esta última edición, la que se vendió como “Revolution” para luego no serlo, son inapelables. Han sido las galas menos vistas de su historia, el debate está desterrado a la madrugada y los programas resumen no alcanzan los dos dígitos de cuota de pantalla. Por eso va a ser la edición más corta en sus 18 años de andadura. Para ello llevan días echando concursantes de dos en dos. O a tres, como en la semifinal de este jueves. 

No han valido las apariciones estelares de Kiko Rivera, Carlos Lozano o Allyson Eckman. Ni siquiera una presunta violación que al principio no se quiso explotar pero luego hizo acto de presencia en distintos momentos. El programa de telerrealidad por excelencia ha acusado el cansancio o desapego que se empezó a intuir en la pasada edición de anónimos. Fue cuando cambió uno de los puntales del programa, la presentadora Mercedes Milá. Desembarcó Jorge Javier Vázquez y se trajo buena parte de su particular estilo. ¿Cuánto ha influido este factor en los malos resultados? Yo soy de los que creen que mucho.

Estoy convencido de que los que disfrutaban del programa desde el día en el que empezó creen que el pack no está completo sin la Milá. Y dudo que J.J. sea el recambio que necesitaban. Reconozco que tampoco soy capaz de poner nombre a esa sustituta/o, pero creo que el cambio ha alejado a muchos seguidores habituales. Aunque solo sea por el rechazo que genera el alma de Sálvame entre buena parte de los que no son su público. De hecho, muchos creemos que las galas se han “salvamizado”. Ya pasó con Supervivientes, con la diferencia que en ese programa tanto participantes como concursantes son carne de Sálvame. En el Gran Hermano original se valoran, en cambio, perfiles auténticos, a poder ser lo más alejados posible de los clichés del “famosillo” de turno.

Me preguntó si el éxito de la versión VIP, ahora cancelada por los malos resultados de los anónimos, no habrá contaminado el espíritu original del programa. Quizá los de siempre se han aburrido de tanta casa de Guadalix, mientras los nuevos seguidores esperan personajes del estilo de Belén Esteban o Carlos Lozano. No creo que los culpables de los malos datos sean los concursantes. Los que siguen los directos apuntan que el casting no ha sido de los más malos. Posiblemente el formato se ha sobreexplotado en estos últimos años. No le vendrá mal un descanso. Y espero que la solución no pase por eliminar la versión original para potenciar la de famosos. Yo temo algo así.

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